Solidaridad en un mundo desigual y caliente

30-11-2007
Se afirma una y otra vez que el cambio climático afectará cada vez más a todo el planeta. Y por un momento podríamos imaginar sus peores efectos. Los techos de las favelas de Nueva York volando por los aires en medio de la furia de un huracán nunca visto, miles de hectáreas inundadas, cosechas perdidas y más tarde miles de damnificados famélicos detrás de las bolsas de comida lanzadas desde los aviones de la cooperación internacional.

Mujeres y niños británicos en la ribera del río Támesis levantando con sus manos albergues de bambú y muros de arena porosa con la esperanza ingenua de que podrán protegerse de nuevos desbordamientos. Las calles de Berlín agrietadas y cubiertas por una cortina de calor infernal después de varios años de sequía, las escuelas cerradas mientras los jóvenes alemanes entre sudor y sudor recorren largas distancias para llenar pequeños cántaros de agua en los pocos carrotanques que dispone el gobierno.

La imaginación da más de lo debido. El cambio climático no afectará el mundo por igual. El grado de riqueza incidirá en la mayor o menor vulnerabilidad. Los habitantes de los países en desarrollo sufrirán más. Los datos a la fecha indican que sólo uno de cada 1.500 habitantes de los países ricos ha sido afectado por un desastre climático; en contraste, uno de cada 19 lo ha sido en los países pobres. La diferencia se amplía cada año. Y cada desastre constituye también un nuevo obstáculo a la ya pálida lucha mundial contra la pobreza.

Este es uno de los mensajes contundentes que nos recuerda el último informe mundial sobre desarrollo humano del Pnud, La lucha contra el cambio climático: Solidaridad frente a un mundo dividido, presentado el pasado martes en Brasil. Sólo este año las tormentas monzónicas y las inundaciones en Asia Meridional provocaron la muerte de más de 1.000 personas en Bangladesh, India, el sur de Nepal y Pakistán. Y desplazaron a más de 21 millones de personas en los dos primeros.

Los pobres son los que padecen las peores consecuencias. Ellos, que poco tienen que ver con las toneladas de dióxido de carbono que a diario lanzan a la atmósfera los países ricos y que son la razón principal del calentamiento del planeta. Los inocentes recibiendo los latigazos que les correspondería recibir a los pecadores. Así es el mundo de los justos.

La disparidad desconcierta. El Reino Unido, que tiene 60 millones de habitantes, emite más dióxido de carbono que Egipto, Nigeria, Pakistán y Vietnam juntos, que suman 472 millones de habitantes. No obstante, el Reino Unido es menos vulnerable. Entre 2004 y 2005 ha invertido más de 1.200 millones de dólares en sofisticados sistemas de defensa contra desastres climáticos. En contraste, al Fondo Especial para el Cambio Climático, dirigido a los países menos desarrollados, le han prometido 279 millones de dólares, pero sólo le han desembolsado la migaja de 26.

Mientras en los Países Bajos la gente puede comprar viviendas flotantes, en las zonas ribereñas de Centroamérica y de India los niños tienen que improvisar cursos intensivos de buceo a pulmón para intentar salirle al paso a la próxima inundación. Hoy la frase de George Orwell resulta más elocuente gracias al cambio climático. En nuestra granja también “unos animales son más iguales que otros”.

No obstante esta realidad, los peligros que sobrevienen al calentamiento global nos compelen a acciones conjuntas y urgentes. Nos compelen menos a recriminaciones entre países pobres y ricos. Ningún Estado en forma independiente puede solucionar este problema. La tierra es un gran sistema ecológico delicado y sensible a lo que los seres humanos en conjunto hacen, muy sensible a todos los gases de efecto invernadero que nacen en nuestra competencia esquizofrénica, nuestro bienestar y confort. Pero tiene límites irreversibles que juegan en contra nuestra.

Qué paradójico. Tenía que calentarse el planeta para que la solidaridad entre los países del mundo empezara a ser considerada una exigencia y no un capricho moral. El cambio climático parece volver a recordarnos lo esencial.

>>Publicado originalmente en:
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3841922.html

http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=108055

http://www.diariohorizonte.com/view/articulo.aspx?articleid=16343&zoneid=76

http://www.casamerica.es/es/horizontes/iberoamerica-general/solidaridad-en-un-mundo-desigual-y-caliente?referer=

Xenofobia en el tren catalán

26-10-2007

La cara se encoge de vergüenza. Lo que ha pasado es inaceptable. Faltaban pocos días para que en España y América se celebrase el Día de la hispanidad. El Día de la raza. Una fecha que rescata lo mejor y disimula lo peor del encuentro de dos mundos. Un día que cinco siglos después debería ser un símbolo de hermandad. No obstante, en el anonimato de un tren cualquiera, de una media noche que poco importa vino a recibir de Sergi Xavier una patada xenófoba.

Él calcula. Mira a su alrededor mientras mantiene una conversación racista a través de su móvil. Le escupe al frente de las piernas. La insulta. “Zorra… inmigrante de mierda”. Le lanza un manotazo a la cara. La menor, 16 años, en medio del pánico se cubre el rostro. Le aprisiona un seno. Le pega en la cabeza. Sergi no deja de hablar al teléfono, tiene la habilidad de agredir y conversar al mismo tiempo. Sólo están los dos en el vagón, excepto por un argentino que se hace el que no existe. Le dice que se vaya a su país. Una adolescente ecuatoriana sola en medio de esa agresividad que caracteriza a los hombres. De pronto, le lanza una patada a la cara. Se retira. No sin antes propinarle un puñetazo en las costillas. Todo quedó grabado. Medio mundo lo ha visto.

El video ha causado indignación en España. Los amigos de barrio de Sergi, 21 años, piensan que lo que hizo fue una “chiquillada”. Y algunas autoridades le han salido al paso al asunto diciendo que lo sucedido fue un hecho aislado, y puede que lo sea. Pero en todo caso lo ocurrido es claramente un “hecho aislado” violento, xenófobo, racista. Un incidente que ofende a América Latina. Y que debe sumarse a las alarmas que de tiempo atrás se encienden en España en relación con el crecimiento de este tipo de resentimiento.

Durante el 2006, Amnistía Internacional tuvo conocimiento de cuatro mil casos de agresiones por motivos racistas en más de doscientas municipalidades de España. Sin embargo, el problema es más grave porque en gran parte de los casos los afectados no se atreven a denunciar. Así pasó con la menor que agredió Sergi. Ella no lo alcanza a denunciar; la policía lo captura por su cuenta. En España cerca del diez por ciento de los habitantes provienen de otro país. Y aunque la mayoría de los nacionales considera que los emigrantes contribuyen significativamente al crecimiento económico, la mayor parte también, sesenta por ciento, no deja de asociar migración con delitos y crímenes.

Esta última relación infelizmente se asienta también a veces en hechos aislados, pero concretos e igualmente vergonzosos. Por estos días algunos ibéricos han recordado al monstruo de Machala, un pervertido que violó y asfixió a una joven estudiante, 21 años, en el otoño de 2004. Antes había asesinado a ocho mujeres en su país de origen. El monstruo era ecuatoriano. Han recordado las pandillas de latinos que se dedican a robar y violar en los parques ocultándose entre la noche, Y han recordado también las reyertas de colombianos por asuntos de droga. Nada de esto justifica la xenofobia en el tren catalán, pero ayuda a entender parte de sus temores y prejuicios.

El gobierno de Ecuador ha respondido al caso. La canciller se ha reunido con la menor y su familia y ha dicho que asumirán los costos judiciales de la defensa. Un acto ejemplar. No obstante, más ejemplar sería que en vez de estar asumiendo defensas, los gobiernos de América Latina se ocuparan con seriedad de que la gente no dejara sus países por necesidad. –Es que sólo se interesan por la diáspora cuando alguno se destaca y a la hora de contar las remesas.

En este asunto no caben vacilaciones. El joven Sergi debe pagar ante la justicia por lo que hizo. El gobierno español debe otorgarle más peso a las recomendaciones contra el racismo que tiempo atrás le ha hecho la Comisión Europea. Y los gobiernos de América Latina deben hacer más de lo que no hacen por su gente. Que este acontecimiento furioso no sirva para revivir resentimientos. Que sea un motivo para rellenar los vacíos de comprensión y concordia con los que siempre se nutre la gris ignorancia, la xenofobia. Un motivo para reforzar lo que nos une.

>>Publicado originalmente en:

http://www.diariohorizonte.com/view/articulo.aspx?articleid=15913&zoneid=31

http://www.estereofonica.com/article.php?sid=5622