Mostrando entradas con la etiqueta América Latina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta América Latina. Mostrar todas las entradas

La carta roja

09-04-2010

Vas a que te echen las cartas, barajas una, otra vez y los símbolos rojos y menos optimistas son los que te aparecen. Te levantas y todo lo que empiezas a hacer va dirigido a confirmar el augurio. No te levantas ni haces nada porque no vale la pena esforzarse por un futuro que ya está sentenciado. O, echando mano de la osadía, te levantas y haces todo aquello que pueda sepultar los augurios pesimistas.

En los estudios de prospectiva sobre América Latina sobresalen tres cosas: su economía no crecerá tanto en las próximas décadas, siendo más precisos, crecerá por debajo de las economías líderes de Asia. Su democracia mantendrá una moderada estabilidad, que se verá afectada por los variados populismos. Y de forma obstinada la violencia continuará, especialmente la urbana. Esta carta roja se vuelve a posar en la mesa una y otra vez jocosamente como si ya no hubiera sido suficiente.

Cuando se observa el mapa del mundo, una gruesa franja grisácea se extiende casi por completo en el hemisferio sur. Se prolonga desde México hasta los países andinos, continúa hacia Brasil y marca casi toda África, absorbe el Cáucaso, Eurasia central, Medio Oriente y se desliza finalmente hacia los estados del sureste asiático y las grandes islas del Pacífico Sur, Filipinas, Malasia e Indonesia. Es una franja que marca los territorios con mayor inestabilidad política y donde, de acuerdo con la estadística, se continuarán presentando los mayores brotes de violencia del futuro. Es, si se quiere, el mapa geopolítico de la violencia mundial, y a él continúa perteneciendo con buena reputación América Latina a pesar de sus avances.

De acuerdo con el Instituto Internacional de Investigaciones sobre la Paz de Estocolmo, la región aumentó en un ciento cincuenta por ciento la compra de armas en los últimos cuatro años. Es una buena compradora. Los principales clientes han sido Chile, Brasil, Venezuela y Colombia. Las razones de estas compras se deben principalmente a la modernización de la capacidad bélica, a competencias por el liderazgo regional y a medidas disuasorias. Chile gasta millones de dólares en modernización, Venezuela hace alianzas militares y se endeuda con Rusia para pertrecharse con más adquisiciones, Brasil establece acuerdos con Francia y los Estados Unidos comprando aviones, tanques y submarinos de última generación, y Colombia refuerza su cooperación con los estadounidenses permitiendo el acceso a siete bases militares ubicadas en su territorio.

A todo esto se suma el hecho de que Brasil y Venezuela han dejado abierta la puerta a incursionar en el desarrollo de programas nucleares en el futuro. Todos estos movimientos empiezan a generar preocupación internacional, sobre todo en momentos en que a algunos gobiernos de la región les ha dado por remarcar sus diferencias ideológicas con los estados vecinos, y también debido al modo poco transparente de estas adquisiciones.

Cuando se habla de armas en América Latina no hay suficientes razones para sentirse seguros, aunque se sepa que esas armas pertenezcan al Estado. Los motivos son seriamente fundados. Por una parte, la región apenas empieza a mostrar fortalezas en sus democracias después de un largo siglo de desequilibrios y dictaduras militares (aunque no está exenta de neogolpes como el que se vivió en Honduras el año pasado), que campearon en violaciones de los derechos humanos. Y por otra, al día de hoy las fuerzas armadas son uno de los actores que suman a las altas tasas de violencia. Aquéllas aún no se encuentran bajo el control pleno del poder civil.

Renovar los instrumentos de trabajo es algo normal y necesario, sólo que en este caso se trata de movimientos e instrumentos bélicos de defensa y de destrucción que no parecen tener suficiente justificación. Además de que en Latinoamérica se debería dar prioridad a las dificultades que más abruman a su población, el problema de todas estas nuevas adquisiciones y movimientos militares es que envían una señal peligrosa cuando se presentan en medio de tensiones políticas declaradas o en ascenso (como el caso en el que se encuentran hoy Colombia y Venezuela).

Todos los estados de la región deberían dar las señales inequívocas de que en América Latina se avanza hacia una disminución incuestionable de la violencia dentro de sus fronteras y a evitar cualquier señal que pueda significar una alarma para sus vecinos. Hacer lo contrario sólo contribuiría a confirmar los rojos y poco gratos augurios. Tal como se exigió a Colombia, en el recién creado Consejo de Defensa Suramericano, que informara a sus vecinos sobre sus nuevos planes de cooperación militar con los Estados Unidos, del mismo modo se le debe exigir a Brasil, a Venezuela y a Chile que informen a la región sobre sus renovadas adquisiciones. La violencia cotidiana es ya demasiado preocupante como para que ahora los estados se le sumen creando desconfianzas y peligros innecesarios.

El augurio rojo puede que te aparezca una y otras vez, pero siempre, siempre por alguna razón sabes qué es lo que se debe hacer para cambiarlo.


*Fotografía: Scorpene Attack Submarine AFP.

Publicado en:

http://www.diariocritico.com/peru/2010/Abril/opinion/madrid/202990/madrid.html

http://diariohorizonte.com/columna_det.php?col_id=22&column_id=690

El liderazgo de Brasil

27-03-2010

Nada es estático y nuestro mundo puede ser siempre mejor de lo que ha sido. Allí estaba, adornando su cabeza con un kipá hebreo, con el rostro inclinado y sus manos cruzadas en señal de reverencia. Dejó un ramo de flores blancas y amarillas, detrás permanecía una llama encendida en memoria de los muertos judíos dejados por el nazismo. Terminado su periplo con el gobierno de Israel, viajó a la ciudad de Belén para visitar oficialmente a la Autoridad Nacional Palestina. El gobierno de Brasil pone lentamente los ladrillos que su diplomacia cree indispensables para aumentar el liderazgo internacional de su país.

Hasta hace pocos años no se esperaba que Brasil tuviera el protagonismo internacional que hoy está teniendo. No era un país de gran relevancia, excepto por su fútbol, la amazonía, el carnaval y la calidez de su gente. Pero hoy las cosas han cambiado. Posee grandes reservas de petróleo, es la décima economía mundial y sigue creciendo, ha contribuido a que los grandes problemas mundiales se discutan en el G-20 y no sólo en el G-8, ha sido elegido sede del Mundial de Fútbol 2014, sede de los Juegos Olímpicos 2016, es promotor del club de las potencias emergentes, China, India, Suráfrica, incluyendo Rusia, y es el más activo candidato a tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU en el caso de que éste se amplíe. Brasil es ya un jugador indispensable de las grandes ligas.

Este creciente reconocimiento mundial ha provocado regocijo en América Latina. Aunque también ha provocado la envidia de algunos dirigentes de la región, una actitud torpe y poco inteligente porque los motivos deben conducir a todo lo contrario: en lo político, su liderazgo es casi el liderazgo de media región; en lo geopolítico, llegar a contar con una potencia mundial en este lado de América es un oxígeno a la impronta que marcan los Estados Unidos en el continente; en lo cultural, sus logros demuelen la idea quejumbrosa de que América Latina seguiría estancada y olvidada, y todo lo contrario, su protagonismo creciente es un signo que alienta a confiar en que las cosas pueden ser mejoradas sustancialmente.

No obstante su merecido protagonismo, algunas de sus últimas acciones han ido mostrando un lado flaco, y con él han sobrevenido las críticas desde distintos puntos del planeta. Todas ellas son fundadas y apuntan hacia lo mismo. A la falta de consistencia e imparcialidad en materia de defensa de los derechos humanos y de la democracia en su política exterior.

Específicamente se le recrimina haber facilitado su embajada en Honduras para las acciones proselitistas del descabezado Manuel Zelaya –se apoya la clara defensa que intentaba hacer Brasil en el restablecimiento de la democracia, pero no el hecho de que la haya llevado al punto de permitir que su sede diplomática se convirtiera en casa de campaña. Se le recrimina la cercana amistad que ha decidido cultivar con el gobierno de Irán, una dirigencia que amedrenta a sus ciudadanos con la violencia, y que está en evidente conflicto con los Estados Unidos y la Unión Europea por las intenciones bélicas que puedan tener sus programas nucleares. Se le critica por hacerse el de la vista gorda y guardar silencio frente al progresivo cercenamiento que vive la democracia en Venezuela y frente a la falta de garantías políticas para el ejercicio de la oposición en Cuba. Incluso varias organizaciones palestinas le critican el hecho de que pretenda mediar en el conflicto entre palestinos e israelíes, al mismo tiempo que mantiene negocios militares con Israel. Que no se le suba el poder a la cabeza, se le ha sugerido a su diplomacia, para que no cometa los mismos errores de las potencias que en principio no desea emular.

La diplomacia exige pragmatismo, cautela, apostar por lo posible y crear confianza entre los estados, pero eso no significa ser amigo de todos. La política de poner velas a los santos y a los demonios puede resultar costosa. El mundo ha cambiado, hoy se necesitan liderazgos renovados, diplomacias francas y comprometidas a profundidad con el desarrollo y la paz mundial, no moralismos estratégicos. En el siglo XXI, tal cual le ha pasado a los Estados Unidos, las deudas en estos campos son cobradas tarde o temprano. Brasil avanza y el mundo observa sus pasos.

Pero a pesar de estas críticas recientes, la confianza y los elogios que inspira Brasil son mayores y, sobre ellos, debe seguir construyendo. Las críticas han llegado a tiempo.

Los avances de Brasil son motivo de satisfacción, a ellos deben sumarse por hermandad y por razones geopolíticas los estados de la región consolidando aún más sus lazos. El futuro siempre está allí, dispuesto a dejarse atrapar, a veces sólo falta poner los ladrillos en el lugar apropiado para poder alcanzarlo.


Fotografía: Museo del Holocausto, Jerusalén -AP 16-03-2010.

>>Publicado en: http://diariohorizonte.com/columna_det.php?col_id=22&column_id=669

Golpistas y reeleccionistas

28-07-2009
La democracia exige consensos, respeto a los acuerdos, saber esperar. El poder es distinto, siempre busca la expansión ilimitada. Es una bola de fuego en busca del combustible que la haga más grande. La política moderna reconoce esta naturaleza expansiva del poder y debido a ello, en parte, reinventó la democracia para controlarlo.

Lo dividió primero en pedazos administrativos y luego lo partió en pedacitos hasta el último ciudadano con potestad de votar. Este modelo político, frágil y perfectible al mismo tiempo, evitaría los excesos de aquellos que cargan sus antorchas durante un tiempo. Los políticos a menudo aparentan desconocer ambas ideas y, especialmente, la primera. En Honduras se han olvidado de ella.

El presidente depuesto es un auténtico representante del político latino. Esto es, caudillista y dispuesto a reformar la constitución para el beneficio personal o de su proyecto político. Pretendió efectuar una consulta para saber si la población estaba de acuerdo o no con convocar un referendo que abriera las puertas a una Asamblea Constituyente. Un procedimiento que, a su vez, podría haber abierto las puertas a la reelección presidencial. La consulta no era legal, de acuerdo con una nueva normativa establecida por el Congreso hondureño para estos efectos. Tampoco era una idea muy popular.

A pesar de ello, el ahora depuesto presidente siguió adelante con la iniciativa. En este empeño deterioró su credibilidad y su poder. Perdió el apoyo del Congreso, la Corte Suprema, el Tribunal Electoral, el Ministerio Público, el Ejército, los gremios empresariales, el Arzobispado Católico, y hasta el respaldo de su propio partido político. Sólo contaba con el apoyo de una parte de la población. Estaba solo. Era un presidente que se había autoaislado al subestimar el poder de sus adversarios y el de las otras instituciones del Estado y, por supuesto, al sobreestimar su propio poder.

Finalmente, terminó siendo descabezado a la fuerza en una confabulación de todos los otros poderes -y aquí está el centro de la crisis actual. El Ejército –que en América Latina no es un cuerpo subordinado, sino, un poder más- hizo el trabajo sucio de detenerlo en pijama y expulsarlo del país, algo que las otras instituciones aprobaban pero que no podían ejecutar. De este modo, terminó consumándose un golpe de estado avalado por una Corte Suprema. Todo un esperpento jurídico.

Al lado de la naturaleza expansiva del poder, está la fuerza de las costumbres, que se encarga de desnudar y exponer la cultura tal cual es, sin adornos y decorados. Y a algunas costumbres hay temerles tanto como a la naturaleza del poder. En América Latina una de las costumbres distintivas de la política desde el surgimiento de las primeras repúblicas es el golpe de estado. El procedimiento violento preferido para resolver los conflictos, hacerse con el poder y enrocarse en él. La revolución ha sido un evento escaso y débil; y la democracia, un proyecto en construcción, una idea que cuesta aprender.

Este golpe de estado se ha considerado una vuelta a ‘la caverna’, pero esta afirmación no es precisa. Porque ‘la caverna’ siempre ha estado allí, hace parte de la epidermis política, y guarda unas brasas calientes que no se extinguirán fácilmente. Los ejemplos son conocidos. En poco más de una década: el presidente de Haití fue descabezado dos veces, en Perú se produjo un autogolpe, en Venezuela gobierna el protagonista de un golpe fallido a quien también intentaron derrocar infructuosamente, en Bolivia y en Ecuador ha habido varios intentos malogrados.

Sí, el poder es expansivo e insaciable y la costumbre es más espesa que el agua. Como la dictadura militar o civil ha perdido reconocimiento en el mundo, ha aparecido en los últimos años una hermana gemela que busca lo mismo –perpetuación en el poder y profundización de un proyecto- pero adornándose con procedimientos democráticos. El nuevo caudillo aspira a reformar la constitución para empotrarse en el cargo cuantas veces se pueda.

Para ello da igual la ideología profesada, cualquier color puede ser un buen exponente de la tradición. ‘La caverna’ nunca ha desaparecido, simplemente se renueva. En Honduras, entonces, pudo más la vieja costumbre del golpe que su versión remozada, el reformismo reeleccionista.

Se ha producido un nuevo golpe de estado en América, en las viejas tierras latinas acostumbradas a los caudillos y a los dictadores. 28 de junio de 2009. Se volvió a elegir la impaciencia y el uso de la fuerza; en vez de la calma y el consenso.

Dicho lo anterior, vale preguntar si los políticos latinoamericanos de vena golpista o reeleccionista habrán aprendido a no incurrir en las malas mañas que desvela esta crisis. En otras palabras, si habrán aprendido algo sobre la importancia de profundizar los acuerdos y la verdadera democracia. Lamentablemente, no.

En Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Nicaragua, continúan las ansias de continuidad personal en el poder. El fuego de ‘la caverna’ seduce.


Fotografía: Luchadores Kushti -AP.

Publicado en:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/golpistas-y-reeleccionistas_5728488-1

http://www.soitu.es/participacion/2009/07/30/u/marlonmadrid_1248942068.html




Bicentenario en América

31-05-2009
Las pupilas no se dilatan. El corazón palpita lento, no se ensancha de júbilo como pocas veces suele hacerlo. La sonrisa parece prestada para una ocasión donde hay que evocar algo. En la ciudad boliviana de Sucre cortaron la cinta que da inicio a las conmemoraciones de los primeros movimientos independentistas de las antiguas colonias hispanas.

Y lo han hecho refrendando, sin haberlo planeado, parte de ese nudo de cosas casi incomprensibles que mantiene a América Latina suspendida en su letargo y en sus contradicciones. El gobierno central y el gobierno de la ciudad conmemoraron en ranchos aparte. Algunos grupos indígenas hicieron de la ocasión una vitrina para manifestarse contra la discriminación racial. Los representantes de los campesinos no se cansaron de repetir que "todo sigue lo mismo, lo mismo". Y algunos académicos continuaron distraídos en la polémica de quién fue realmente la primera independentista de verdad, si Sucre o La Paz.

Ese mismo día, al otro lado del Atlántico, el verano abrazaba ya la vieja capital de la antigua metrópolis y había que caminar despacio buscando las pequeñas sombras de las calles. Las telas pasaban debajo de las dos agujas de la máquina de coser. Fredy lleva seis años en Madrid viviendo de la modistería y del arreglo de ropa, su cuerpo y su rostro son un sello del altiplano andino. Qué te parecieron las celebraciones de Sucre, viejo. No lo sé…, no estoy enterado. Me refiero a los eventos oficiales que conmemoraron los doscientos años de las independencias. Bueno, la verdad es que no he tenido tiempo para ver noticias. ¡Vale!

Fredy brega entre ropas usadas, mangas de camisas, pinzas para vaqueros y retazos de tela. Tiene un niño aún de cuna que permanece con él durante las mañanas mientras su mujer trabaja en otro lugar. El niño parece inexistente camuflado entre tantos atuendos de los clientes, está en un rincón dentro de un coche, su cara y su fisionomía son idénticas a la de su padre, excepto por su piel que es muy blanca. En la puerta del almacén de Fredy no hay horarios, así que él entra y sale de acuerdo con sus tiempos y sus quehaceres, algo nada común en la ciudad. Tampoco hay una carta de precios, Fredy lo pone de acuerdo con el cliente y a veces hace rebajas, algo poco habitual también. Un nieto de la vieja América indígena sobreviviendo y trayendo un poco de sus costumbres a la antigua metrópolis, y como otros latinoamericanos las conmemoraciones le dicen poco.

Es importante conocer la historia. Pero igual de importante es otorgarle su justa medida. La poca alegría y el desconocimiento que se puedan expresar hoy con el arribo de este nuevo aniversario están llenos de honestidad. Porque en las paradas militares, en los museos del bicentenario, en las páginas Web que recuerdan anécdotas de la época, en las nuevas avenidas, puentes y monumentos que ya se piensan inaugurar en varios países de la región como remembranza hay cierta falsedad y anacronismo.

Las personas que hace doscientos años dieron su vida y su muerte o que pelearon con la pluma y las ideas por una libertad que hiciera surgir una nueva sociedad, lo hicieron por un sueño. Por un sueño que sería posible construir al alcanzar la libertad. Pero ese sueño se extravió entre guerras civiles, divisiones, latifundistas, elitistas, dictadores, populistas, y revolucionarios. Entre la falta de una gran visión que aún persiste. La libertad es un valor, pero sobre todo, es una condición para lograr otros valores. Y existiendo carencias que hacen sufrir a la gente, la alegría será triste e incompleta. La libertad no se buscó para conmemorar aniversarios.

En una de las conferencias sobre este tema que se han efectuado, el chileno Martín Hopenhayn sugería la necesidad de una “cuota de olvido sano” después de haber pasado revista a la historia, pedía también un mayor esfuerzo por edificar la democracia y la ciudadanía. Tiene razón. Hoy la vieja metrópolis es un país democrático que ha logrado el bienestar de su gente, un país que consiguió superar la pobreza y el abuso militar. Hoy los antiguos territorios coloniales de América siguen en deuda en estas materias.

Después de doscientos años se echa de menos una América Latina unida, pensada para el bienestar de toda su gente. Que la historia sirva para recuperar los sueños y abrazar el futuro y no para engañar con patriotismos. Porque los patriotismo además de tener su dosis de mentira, nublan la mirada. Bolivia ha iniciado las conmemoraciones oficiales del bicentenario con una impronta de división interna y de reclamaciones históricas. Lo propio para que su conmemoración sea pronto un recuerdo intrascendente. Luego le seguirán con actos oficiales Ecuador y México. Y hasta ahora todo parece preparado para festividades y alborotos que esquivarán los desafíos pendientes de la región.

Mientras todo esto pase, en la vieja metrópolis Fredy seguirá con sus manos secas cortando y cosiendo telas, y sabiendo poco de esa América a la que aún no ha vuelto.

*Fotografía: AP, 24-05-2009.

Publicado en:

http://www.diariohorizonte.com/view/articulo.aspx?articleid=24133&zoneid=31


Espejito cubano


17-01-2009
¿Qué pasa cuando nos miramos al espejo y descubrimos que aparece un rostro extraño o algo que no es lo que esperábamos ver? Alberto Korda hizo muchas fotos de la Revolución cubana, pero hay unas que son difíciles de olvidar. La de Fidel Castro, en el viaje que realizó a los Estados Unidos en 1959, levantando la cabeza para contemplar en lo más alto la estatua gigante de Abraham Lincoln. La del Che Guevara llevando una boina sobre su melena y simulando mirar al infinito. Y las de bellas mujeres, jóvenes glamurosas del modelaje o jóvenes glamurosas de la Revolución.

En estas últimas hay una que destaca y que se repite en las revistas y publicaciones que durante este mes rememoran aquellos años en blanco y negro. Son dos cubanas sentadas en el muro de un andén, la del lado derecho cruza sus piernas; la del izquierdo, las tiene levemente abiertas. Están concentradas, su entorno no las perturba, ni las marchas triunfales, ni el calor del alboroto. La del lado izquierdo lleva puesta una boina en la parte derecha de su cabeza, a lo Guevara, pero con más estilo; la otra lleva su cabello descubierto con un moño de la época.

Van de camuflado serio, como lo exige la ocasión. Las dos se han detenido a embellecer su rostro, a poner un poco de rubor en sus mejillas, a peinarse. Con una mano se arreglan y con la otra sostienen un espejito. Se dedican un instante para sí mismas sin forzar nada, no se engañan ni engañan a nadie. Mirarían una mejilla, bien; mirarían la otra, perfecta. Qué otra cosa necesitaban en ese instante distinta de encontrar sus rostros tal cual son, tal cual se esperaban ver. Coquetas, presumidas. Listas para la posteridad.

Si estas mujeres aún no han muerto, deben de ser dos ancianas orgullosas de haber participado de aquella ilusión revolucionaria, pero decepcionadas de haber visto cómo todo ello se derruyó y cómo una parte de las nuevas generaciones sólo espera a que los septuagenarios mueran lo más rápido posible.

En esta quincuagésima conmemoración hay de todo. Estreno de películas, exposiciones, entrevistas, dedicatorias exclusivas, reportajes extensos y demás, pero casi todo huele a cajas guardadas, a pasado mohoso, a momentos románticos. Del presente se muestra poco. No sucede como en los aniversarios clásicos de otras tierras donde se rememora el pasado porque el futuro que se ha derivado es mucho más grande. Ahora los calificativos agrios sobran. Revolución subvencionada, le llaman unos; símbolo de lo que no se debe hacer, le llaman otros; cementerio de esperanzas, le llaman otros más. Los pocos calificativos bondadosos vienen de la misma izquierda de siempre, la del partido, la religiosa.

Pero los amores profundos y las detracciones sin piedad al experimento antillano sirven para muy poco. Los dirigentes cubanos pensaron que al adoptar un camino diferente llegarían más rápido al sueño del progreso que sus vecinos. Que llegarían pronto a fabricar el hombre nuevo. Sin embargo, al final se volvieron a encontrar en el mismo atolladero en el que se encuentran sus vecinos -La dictadura cubana es una hija fiel de las dictaduras mesiánicas de América Latina, sólo que con menos muertos y un espíritu caribeño.

Pero es que Cuba es un símbolo de dignidad y de resistencia, continúan enfatizando algunos. “Asistimos al retornar de la prostitución y entregamos nuestros cuerpos de hombre nuevo para comprar un ventilador o un par de tenis”, respondería una joven escritora residente en la isla. A estos defensores se les olvida que la precariedad y la carencia son unas de las aflicciones más humillantes cuando se pueden evitar. Y la resistencia no es más que una torpeza política -ni siquiera los rusos han sido tan testarudos.

Y es que Cuba ni es un modelo, ni tiene al frente un modelo. A esta altura del siglo ninguna nación de América Latina ha podido ser un referente para sí misma y para las otras. Si te pones a buscar lo mejor, sólo hallas pedazos destacados, pequeñas luces que tienes que escarbar aquí y allá. Tres o cuatro calles ejemplares en una gran ciudad, tres o cuatro sectores económicos pujantes protegidos con seguridad privada del hambre de las favelas, tres o cuatro universidades con algo de reconocimiento internacional. La única excepción serían los artistas y los deportistas, que al final son los que terminan sacando la cara por todos. Allí están los países andinos inmersos en un desorden que no tiene ni pies ni cabeza para desenredarlo, allí están los jóvenes de Centroamérica enrolados en maras porque tal vez sea más divertido vivir de la muerte y el crimen que envejecer esperando un empleo.

A diferencia de las jóvenes modelos de Korda, Cuba se mira al espejo y no encuentra ese perfil de foto necesario, ese rostro glamuroso que esperaba ver, mira en el espejito de maquillaje de sus vecinas y tampoco se halla. Sus vecinas se miran y la miran a ella de reojo y les sucede lo mismo. No se asustan. Pero ninguna tiene motivos suficientes ni para la coquetería ni para el orgullo.

*Fotografía: Alberto Korda.

Publicado en:
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/espejito-cubano_4775845-1

http://www.diariohorizonte.com/view/articulo.aspx?articleid=22376&zoneid=31

El regreso de Rusia


01-12-2008
Antes de jugar hay que saber a qué se juega. América Latina es esa gran región del continente que lleva buscando hace más de un siglo lo que han logrado los de la América anglosajona. Ha visto pasar un imperio tras otro. A veces asumiendo con resignación la condición de "patio trasero". Otras veces tratando de desprenderse de esa condición más con altanerías que con inteligencia. Y ahora, creyéndose estratega en la estrategia de otro.

Casi dos décadas después del desplome de la Unión Soviética, el gobierno ruso vuelve a mostrar interés por América Latina. Algo que resulta interesante en un momento en que las relaciones internacionales viven un recambio. No obstante, este renovado interés no se debe a lo atractivo que puedan ser los paisajes naturales, la cultura o las economías de la región. Se debe al terreno que los rusos han perdido en sus propias ex repúblicas. Vale aclarar, pérdida de poder en lo que antes constituía su propio territorio.

Paralelamente, Rusia ha visto en estos años cómo la Unión Europea, los Estados Unidos y, más recientemente, China ganan influencia en esas ex repúblicas. Y no debido tanto a que estos tres tengan una política exterior más atractiva, sino, más bien, producto del desencanto y el miedo que los mismos rusos se han encargado de extender en Europa Oriental, en el Cáucaso y en Asia Central.

Una cadena de hechos desencadenados con ocasión de la guerra que mantuvieron Rusia y Georgia a principios de agosto de este año evidencia parte de este miedo. Los rusos quisieron aprovechar el ataque de Georgia para demostrar el poder que aún tienen. Pero la desproporción militar con la que lo hicieron les hizo más daño que beneficio. En un efecto dominó, Europa del Este respaldó la integridad territorial de Georgia, Polonia se apresuró a dar la última firma a la instalación de un escudo antimisiles en su territorio, y Alemania llegó a contemplar la posibilidad de que Georgia y Ucrania pertenecieran a la OTAN.

Además, por si fuera poco, los países de la Organización de Cooperación de Shanghái no apoyaron a Rusia en esa empresa bélica y Ucrania afianzó su cooperación económica con la UE en un acuerdo que podría ser el preludio de su pertenencia a la Unión en los próximos años. En fin, la respuesta rusa debilitó a la propia Rusia y fortaleció a E.U. y a la UE. La guerra con Georgia ha sido un catalizador pero en su contra. Los rusos parecen ser los expertos en producir miedo a sus vecinos.

El terreno que han perdido los rusos lo han ganado los estadounidenses en esa vasta región que va de Europa del Este a la frontera occidental de China. Suma de nuevos miembros a la OTAN. Posicionamiento en Kosovo. Colaboración militar con Ucrania, Georgia y Turquía. Asociaciones con países del Mar Negro y del Mar Caspio para buscar petróleo. Construcción de oleoductos en los bordes del Caspio como alternativa a los oleoductos rusos. Bases militares en Kirguizistán y Uzbekistán.

Rusia trata de reaccionar ante este avance ampliando sus negocios energéticos y haciéndole las cosas más difíciles a los EEUU. Apoya a Serbia en la reclamación de Kosovo. Reconoce ella sola como estados a las regiones separatistas de Georgia -Abjazia y Osetia del Sur. Se muestra ambigua frente a los planes nucleares de Irán. Y va a Venezuela a efectuar ejercicios militares con barcos y aviones nucleares.

Sí, Rusia ha vuelto a América Latina. A efectuar negocios, pero también a hacer geopolítica. A tratar de bajar la presión estadounidense que tiene en sus propias fronteras. América Latina debe tener esto claro. En esta nueva competencia que mantienen los Estados Unidos y Rusia por reconfigurar sus supremacías en el mundo -que no se sabe aún qué nombre ponerle porque el de Guerra Fría ya no sirve- esta región será una ficha más para ambos.

Así entonces, cuando se es sólo una ficha y no se tiene el poder de ser un jugador determinante, en los momentos cruciales del juego se es lo menos importante. El mejor ejemplo de esto lo tiene Cuba. En 1962 durante la crisis de los misiles, el personaje menos importante en las negociaciones secretas que mantuvieron Kennedy y Kruchev fue Fidel Castro. Las fichas se usan y se abandonan cuando ya no se necesitan.

"Regresamos a América Latina y regresamos para siempre", dijo el vocero de la cancillería rusa, Alexei Sazonov. Una afirmación cuya seguridad se la otorga el hecho de saber que los estadounidenses van a continuar con sus andanzas muy cerca de las fronteras rusas.

Cuál sería el mejor modo de actuar en este nuevo juego de titanes, que no sea la vieja forma de proceder de la derecha y de la izquierda latinoaméricas, unos temiendo y los otros soñando. Tal vez la mejor respuesta la esté dando Brasil. Negocios. Los asuntos militares, a un segundo plano. Nada de fantasías redentoras.
*Fotografía: AFP

Xenofobia en el tren catalán

26-10-2007

La cara se encoge de vergüenza. Lo que ha pasado es inaceptable. Faltaban pocos días para que en España y América se celebrase el Día de la hispanidad. El Día de la raza. Una fecha que rescata lo mejor y disimula lo peor del encuentro de dos mundos. Un día que cinco siglos después debería ser un símbolo de hermandad. No obstante, en el anonimato de un tren cualquiera, de una media noche que poco importa vino a recibir de Sergi Xavier una patada xenófoba.

Él calcula. Mira a su alrededor mientras mantiene una conversación racista a través de su móvil. Le escupe al frente de las piernas. La insulta. “Zorra… inmigrante de mierda”. Le lanza un manotazo a la cara. La menor, 16 años, en medio del pánico se cubre el rostro. Le aprisiona un seno. Le pega en la cabeza. Sergi no deja de hablar al teléfono, tiene la habilidad de agredir y conversar al mismo tiempo. Sólo están los dos en el vagón, excepto por un argentino que se hace el que no existe. Le dice que se vaya a su país. Una adolescente ecuatoriana sola en medio de esa agresividad que caracteriza a los hombres. De pronto, le lanza una patada a la cara. Se retira. No sin antes propinarle un puñetazo en las costillas. Todo quedó grabado. Medio mundo lo ha visto.

El video ha causado indignación en España. Los amigos de barrio de Sergi, 21 años, piensan que lo que hizo fue una “chiquillada”. Y algunas autoridades le han salido al paso al asunto diciendo que lo sucedido fue un hecho aislado, y puede que lo sea. Pero en todo caso lo ocurrido es claramente un “hecho aislado” violento, xenófobo, racista. Un incidente que ofende a América Latina. Y que debe sumarse a las alarmas que de tiempo atrás se encienden en España en relación con el crecimiento de este tipo de resentimiento.

Durante el 2006, Amnistía Internacional tuvo conocimiento de cuatro mil casos de agresiones por motivos racistas en más de doscientas municipalidades de España. Sin embargo, el problema es más grave porque en gran parte de los casos los afectados no se atreven a denunciar. Así pasó con la menor que agredió Sergi. Ella no lo alcanza a denunciar; la policía lo captura por su cuenta. En España cerca del diez por ciento de los habitantes provienen de otro país. Y aunque la mayoría de los nacionales considera que los emigrantes contribuyen significativamente al crecimiento económico, la mayor parte también, sesenta por ciento, no deja de asociar migración con delitos y crímenes.

Esta última relación infelizmente se asienta también a veces en hechos aislados, pero concretos e igualmente vergonzosos. Por estos días algunos ibéricos han recordado al monstruo de Machala, un pervertido que violó y asfixió a una joven estudiante, 21 años, en el otoño de 2004. Antes había asesinado a ocho mujeres en su país de origen. El monstruo era ecuatoriano. Han recordado las pandillas de latinos que se dedican a robar y violar en los parques ocultándose entre la noche, Y han recordado también las reyertas de colombianos por asuntos de droga. Nada de esto justifica la xenofobia en el tren catalán, pero ayuda a entender parte de sus temores y prejuicios.

El gobierno de Ecuador ha respondido al caso. La canciller se ha reunido con la menor y su familia y ha dicho que asumirán los costos judiciales de la defensa. Un acto ejemplar. No obstante, más ejemplar sería que en vez de estar asumiendo defensas, los gobiernos de América Latina se ocuparan con seriedad de que la gente no dejara sus países por necesidad. –Es que sólo se interesan por la diáspora cuando alguno se destaca y a la hora de contar las remesas.

En este asunto no caben vacilaciones. El joven Sergi debe pagar ante la justicia por lo que hizo. El gobierno español debe otorgarle más peso a las recomendaciones contra el racismo que tiempo atrás le ha hecho la Comisión Europea. Y los gobiernos de América Latina deben hacer más de lo que no hacen por su gente. Que este acontecimiento furioso no sirva para revivir resentimientos. Que sea un motivo para rellenar los vacíos de comprensión y concordia con los que siempre se nutre la gris ignorancia, la xenofobia. Un motivo para reforzar lo que nos une.

>>Publicado originalmente en:

http://www.diariohorizonte.com/view/articulo.aspx?articleid=15913&zoneid=31

http://www.estereofonica.com/article.php?sid=5622

Buscando justicia

13-01-2007
Para América Latina, este año que termina no ha sido sólo de elecciones; también ha sido un año en el que continuó buscando justicia. Aunque el siglo XXI camina acelerado, aún persisten restos dolorosos del siglo XX que no se han curado. Dos décadas después de la caída de las últimas dictaduras que trajo la “guerra fría”, víctimas directas y familiares presionan desde el río grande hasta la Patagonia para que los estados se pronuncien revelando la verdad completa e impartiendo justicia. En esta dirección hay que destacar varios hechos importantes que se presentaron el último año.

En América Central sobresale el caso de Guatemala, donde la demanda interpuesta en los tribunales españoles por la premio Nobel de paz, Rigoberta Menchú, contra los militares que participaron en 1980 en la matanza de 37 campesinos que se encontraban en la embajada de España –entre ellos se hallaba también el padre de Rigoberta– dio como resultado la solicitud de extradición por parte del gobierno español del ex dictador José Efraín Ríos Montt y de seis funcionarios más que hicieron parte del gobierno de facto.

En el Cono Sur todos los países fueron protagonistas. Las cortes chilenas despojaron al ex dictador Augusto Pinochet de la inmunidad que él mismo se dio antes de dejar el poder en 1990. En este año que culmina Pinochet fue desaforado en varios casos relacionados con secuestros, torturas, desapariciones forzadas y asesinatos agenciados o promovidos durante su régimen. Aunque Pinochet no pudo ser condenado por ningún caso, sí murió con una avalancha de demandas en su contra que lo atormentaron hasta el día de su cremación.

Tres días después de su deceso, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que busca acotar la Ley de Amnistía para que deje de cobijar delitos de lesa humanidad o de guerra, con lo cual Chile adecuaría su legislación interna a los tratados internacionales sobre derechos humanos. Una decisión políticamente difícil de tomar en Chile estando el ex dictador con vida.
En Argentina un juez anuló por inconstitucional el indulto a Jorge Videla, quien ejerció el primer gobierno de la dictadura. Así mismo, la Corte Federal ratificó su procesamiento y el de 14 ex jefes militares más por haber participado en el “plan cóndor”. Videla volverá al banquillo en el 2007 para responder por 110 casos de secuestro y desaparición.

Sin embargo, este trasegar hacia la justicia tuvo un signo trágico que debe servir como lección para no sobreestimar a una democracia que en los momentos concluyentes termina mostrando su fragilidad. Un tribunal argentino condenó a cadena perpetua al ex jefe de policía Miguel Etchecolatz por secuestros, torturas y asesinatos perpetrados durante el último gobierno de la dictadura. Pero un día antes de que se dictara la sentencia, las “fuerzas oscuras” –esas que todo mundo siempre puede ver– desaparecieron al testigo principal del juicio, Jorge López, e inundaron con cartas amenazantes los tribunales que llevan procesos judiciales contra ex represores.

Paraguay vio sucumbir también de muerte natural a su ex dictador, Alfredo Stroessner, sin que fuera extraditado por Brasil, donde estaba asilado. La sociedad lo requería para que respondiera al menos por 900 muertes o desapariciones que se le atribuyen a su régimen.

Y en Uruguay fueron condenados seis ex militares y dos ex policías por el secuestro y asesinato de varios ciudadanos uruguayos en la Argentina durante el régimen de facto. Así mismo fue detenido el ex dictador Juan Bordaberry para que responda por los asesinatos de varios congresistas y guerrilleros que se agenciaron desde su gobierno. El año terminó con el establecimiento por parte del actual gobierno de un día de “Nunca más” (19 de junio). Un día que recordará a las víctimas que fueron cegadas durante aquel régimen.

En la Región Andina aparecen los casos de Perú y Colombia. Y aunque lo que sucedió en estos dos países no se puede ubicar en una posdictadura, la búsqueda de la justicia sigue siendo un reto después de un gobierno autoritario, en el primer caso, y de la desmovilización de más de 30.000 paramilitares, en el segundo. Perú prosigue las gestiones para que se concrete la extradición del ex presidente Alberto Fujimori, detenido en Chile, y pueda ser juzgado por crímenes de lesa humanidad en los cuales está implicado.

Finalmente, en Colombia, país que vive un conflicto armado desde mediados del siglo pasado, arrancó el trabajo de la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación, escuchando en varias consultas sociales a las víctimas del paramilitarismo. Y, aunque la guerra prosigue, este año que comienza se espera que prosigan las primeras declaraciones judiciales de ex cabecillas del paramilitarismo en el marco de una polémica ley que busca, entre otras cosas, revelar la verdad y resarcir a las víctimas.

América Latina prosigue esta senda. Demandando justicia. En medio de tribunales que cojean y a ratos con sus dilaciones son cómplices de los victimarios. Prosigue también exorcizando su pasado, aunque los abusadores y sus familias persistan sin vergüenza justificando como necesarias las barbaridades que cometieron desde el Estado o por fuera de él.

Exigir justicia en cada rincón de esta América puede ser una manera de enmendar el dolor, pero es más. Es también un modo de confiar en que las instituciones del Estado pueden ser capaces de convertirse en humanamente justas.

"No es venganza lo que buscamos, sino justicia y la comprensión de lo que realmente ocurrió, para que no vuelva a pasar”, expresó una ciudadana argentina este año que culminó. No obstante ser incrédulos, desearíamos que esas palabras dejaran de tener sentido en los años que vienen.

>>Publicado originalmente en: